Al calor del boom inmobiliario, en España surgió un fenómeno que no tenía parangón en otros países: se trataba de las ferias inmobiliarias. Estos eventos comerciales se convirtieron durante años en el mecanismo más exitoso para cruzar la ingente oferta y la desmesurada demanda.
Resultaba un modelo tan rentable que los grandes salones que se celebraban en las principales capitales se fueron multiplicando en las pequeñas provincias e, incluso, empezaron a proliferar en algunas localidades de cierto tamaño. Constituían un magnífico escaparate, sin competencia con otras fórmulas de venta, que alimentaron un curioso fenómeno. Se generó una fiebre tal por estos eventos, que las grandes promotoras del panorama inmobiliario que acudían, en cada edición realizaban mayores demostraciones de poderío en forma de gigantescos estands de diseño. Se llegó a acuñar el sintagma “feria de las vanidades”, que con gran sorna recogía una crónica de El Confidencial.

Las ferias hoy pasan desapercibidas para el gran público, que prefiere acudir a Internet para comprar vivienda.
Hoy, una década después de su gestación, cabe preguntarse por su utilidad a la luz de un panorama inmobiliario que ha cambiado completamente y con un comprador más maduro y que no se deja seducir por fuegos artificiales. La realidad parece confirmar esta nueva situación; basta como ejemplo una de las mayores ferias, que llegó a tener un espacio expositivo de cerca de 80.000 metros cuadrados, y que hoy en día apenas es un 5% de lo que fue e, incluso, tiene una variante de 500 metros, es decir, las dimensiones de un piso grande, donde, necesariamente se reúne una minúscula representación del sector. Y, en estos momentos, claro está, con estands modulares. Esta realidad viene a demostrar que las ferias inmobiliarias se han ido desinflando a la par que la burbuja. En su contra cabe destacar, fundamentalmente, tres aspectos, que son los que han jibarizado las ferias:
• el número de viviendas a la venta que reúnen hoy en día es diminuto
• la oferta que presentan se repite edición tras edición
• acudir a estas muestras supone un elevado coste para los expositores, que necesariamente tienen que repercutir sobre el precio final de la vivienda
• estos lugares son vistos como meros intermediarios sin valor añadido
Todo ello defrauda las expectativas de los visitantes, sabedores de que la oferta es escasa y poco interesante, y que en estos momentos busca otra experiencia de compra, evitando tener que pasearse de estand en estand y perder su fin de semana en un zoco de otro tiempo. Hoy en día, la gran mayoría de los potenciales compradores es usuario de las redes sociales y maneja con soltura herramientas 2.0, que le permiten acceder en cualquier momento a portales inmobiliarios, como canaltucasa.com, donde se reúne tanto oferta de viviendas nuevas como de segunda mano, y que dispone de una ingente cartera residencial donde encontrar viviendas a buen precio y ofertas. En nuestro caso, por ejemplo, Blocksales acaba de ser elegida para comercializar 300 viviendas a partir de 90.000 euros en Barcelona y Menorca, como recogía el diario El Mundo la pasada semana. Y toda la relación, con la información del lugar donde se ubican los pisos, los metros y el precio de partida se puede consultar desde la propia web, que permite descargar un archivo con todos estos detalles.
Cabe concluir que hoy por hoy quizá la vida útil de las ferias pase por hacer una fuerte apuesta por la profesionalización o por orientarse claramente hacia el inversor, pero difícilmente seducirá al comprador que vaya buscando su primera residencia, quiera cambiar de casa o busque un apartamento en la playa. Esos inmuebles, hoy por hoy, están en el universo virtual que es la Red, al alcance de todos.
